Ángeles, elefantes, muletas, hormigas, huevos… A Dalí le apasionaban los símbolos y los usó en todas las diferentes formas artísticas con que trabajó.
El huevo, por ejemplo, es un buen ejemplo de contraste entre una cáscara dura y un interior blando. Este contraste interior-exterior (duro-blando) está asociado con la perspectiva psicológica de que los individuos construyen defensas alrededor de su psique, flexible y vulnerable.
En la escultura en bronce “La Venus Espacial”, Dalí homenajea a la figura femenina incorporando sus elementos característicos, como sería un huevo dorado encima del torso desnudo. La forma resultante de esta escultura es la clásica estatua de mármol de un torso femenino en que se han incorporado cuatro elementos dalinianos: un reloj blando, un huevo, dos hormigas y la separación del cuerpo en dos partes.
El reloj está colgando del cuello para darnos dos mensajes opuestos: que la belleza de la carne es temporal y va a desvanecerse, y que la belleza del arte es atemporal, eterna. Las hormigas actúan como recordatorio de la mortalidad humana y de la temporalidad. Por su parte, el huevo es un símbolo positivo y representa la vida, la renovación, la continuidad y el futuro.